viernes, julio 30, 2004

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
 
Es viernes. Último viernes de mes. Hace sol. Sonrío. Me estoy acabando Destructive Emotions, y creo que servirá de algo aunque no sea precisamente para nada un libro de autoyuda ;) Me han regalado a primera hora dos dulces magníficos de chocolate de la Xocoa.

Ayer me hicieron un masaje. He dormido bien. Vi dos crías de león marino y acaricié al padre, muy suave y ¡gigantesco!

Hoy tengo una fiesta de cumpleaños en la playa, después del trabajo. Mañana me invitan a cenar. Quizá me cedan gentilmente este fin de semana unos cuantos cómics.

La semana que viene vuelvo a la piscina. Y a ponerme a dibujar en serio. Hoy tenemos una sorpresa en el curso de mamíferos marinos...

En una semana voy unos días a Madrid, a que me miméis y a mimaros.

Las gatas se han comportado, y hemos compartido un caos organizado sin mi madre, y sin ninguna rotura ni desperfecto, olé por las tres.

Y justo en estos momentos ha entrado brevemente en el canal la trenzas de Rohan a la que más quiero, y es su cumpleaños :)

Hoy, por todas las pequeñas cosas. Gracias.

miércoles, julio 28, 2004

...Pobrecita princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar...

Rubén Darío

En estas últimas semanas, tanto Elengaer como Atalanta han nadado con los delfines. Se han lanzado desde la cubierta de sus barcos, el Menelcairluin y el Argo, y han jugado con esas bellas e inteligentes criaturas, nuestros hermanos del mar. Gracias a ellos, ha permanecido algo de luz entre las lágrimas, alguna sonrisa ha brillado en la oscuridad.

Pero ahora los navíos descansan por un tiempo en sus puertos. Los delfines, con sus grises de mar, esperan aguas adentro.

Ahora, quizá, es mi turno. Hora de tomar el relevo.

Hace un año, me dije que no volvería a lavarme la cara, tras sentir en mis mejillas el lametón amistoso de un lobo ibérico que hubiera podido tumbarme al suelo fácilmente. Ayer podría haber dicho que no me lavaría las manos más.

Ayer sentí en las yemas de mis dedos el tacto suave y sedoso de una piel; tacto que esperaba resbaladizo mas no lo fue.

No, no os lo había comentado hasta ahora. El día antes de morir mi abuela, cuyas cenizas descansan y navegan ahora en las azules aguas del Mediterráneo, en mi visita breve pero beneficiosa al Zoo, supe que durante este mes de julio se llevaban a cabo cursos de entrenamiento de mamíferos marinos...

No creo en las casualidades. Casualmente, me enteré a tiempo. Casualmente, en un horario que me permitía acudir sin interferir con ninguno de mis dos trabajos actuales. Casualmente, me apunté el mismo día 12.

Y desde el lunes hasta el viernes, ahí estoy. Aprendiendo. Disfrutando. Sonriendo. Esperando que estos días puedan abrirme otras puertas en un futuro cercano.

Nika, Nereida, Anak, Leia. Inuk, Blau, Tumay, Neo. Ocho animales magníficos. Con sus vidas, sus historias.

Ona, Emi, Ana, Andrés. Sus entrenadores. Los que en el día a día consiguen que estos cetáceos, no ya ofrezcan un espectáculo al público, que es lo de menos, sino que estén vivos, sanos, fuertes, juguetones, y, quién sabe, a lo mejor mínimamente felices en un espacio que no es el suyo.

Y los sueños, sueños son... hasta que consigues rozarlos y aprehenderlos cuidadosamente, cual pompas de jabón entre tus dedos...

domingo, julio 25, 2004

... i li agradava jugar com un noi.
I de la mà
em duia amunt i avall sense parar,
com un ocell fent tombarelles pel cel....
és maco el temps d'estimar...
I no va ser aquell un temps perdut,
conillet de vellut...
 
(Conillet de vellut - J.M. Serrat)
 
Esta tarde iba a tomar un café. Me han dado plantón, pero a cambio me han prometido una invitación a cena. Parece, pues, que voy a salir ganando. Y el tiempo del café lo he dedicado a tomarme un chocolate en la Xocoa, en pleno Barrio Gótico. Y a pasear por mi Barcelona querida, perdiéndome por sus calles, sintiendo la brisa del atardecer acariciar mi piel, como esta mañana lo hacía el sol y el agua azul, límpida y transparente de la Costa Brava, a la que no acudía desde hace diez años ya...

Y mientras andaba, pensaba. Demasiados pensamientos encadenados para plasmarlos aquí. Pero, cual conejito de terciopelo, os llevaba de la mano, en el corazón, arriba y abajo, entre adoquín, piedra, gente y árboles. Porque hoy paseaba tranquila, con una sonrisa en la cara, esa sonrisa que está sobre todo en los ojos. Paseaba con la serenidad de mente de alguien a quien nadie espera al llegar a casa, salvo dos gatas que seguro dormirán conmigo esta noche; pero esta soledad es una soledad necesaria en estos momentos, necesaria, buscada y acogedora.

La casa está en orden. Suena Serrat en los altavoces. Un libro me espera en la mesita de noche. Voy a tomarme un vaso de agua bien fría. La semana se prevé movida, pero interesante. Y ya no me agobia el tiempo. Quiero hacer muchas cosas... dibujos por pintar, canciones por escribir, cuentos por relatar, músicas que bailar, libros que leer, conversaciones a compartir, lecciones por aprender... pero habrá tiempo para todo.

Gracias, Txapu, a los dos. Necesitaba algo así.