...Pobrecita princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar...
Rubén Darío
En estas últimas semanas, tanto Elengaer como Atalanta han nadado con los delfines. Se han lanzado desde la cubierta de sus barcos, el Menelcairluin y el Argo, y han jugado con esas bellas e inteligentes criaturas, nuestros hermanos del mar. Gracias a ellos, ha permanecido algo de luz entre las lágrimas, alguna sonrisa ha brillado en la oscuridad.
Pero ahora los navíos descansan por un tiempo en sus puertos. Los delfines, con sus grises de mar, esperan aguas adentro.
Ahora, quizá, es mi turno. Hora de tomar el relevo.
Hace un año, me dije que no volvería a lavarme la cara, tras sentir en mis mejillas el lametón amistoso de un lobo ibérico que hubiera podido tumbarme al suelo fácilmente. Ayer podría haber dicho que no me lavaría las manos más.
Ayer sentí en las yemas de mis dedos el tacto suave y sedoso de una piel; tacto que esperaba resbaladizo mas no lo fue.
No, no os lo había comentado hasta ahora. El día antes de morir mi abuela, cuyas cenizas descansan y navegan ahora en las azules aguas del Mediterráneo, en mi visita breve pero beneficiosa al Zoo, supe que durante este mes de julio se llevaban a cabo cursos de entrenamiento de mamíferos marinos...
No creo en las casualidades. Casualmente, me enteré a tiempo. Casualmente, en un horario que me permitía acudir sin interferir con ninguno de mis dos trabajos actuales. Casualmente, me apunté el mismo día 12.
Y desde el lunes hasta el viernes, ahí estoy. Aprendiendo. Disfrutando. Sonriendo. Esperando que estos días puedan abrirme otras puertas en un futuro cercano.
Nika, Nereida, Anak, Leia. Inuk, Blau, Tumay, Neo. Ocho animales magníficos. Con sus vidas, sus historias.
Ona, Emi, Ana, Andrés. Sus entrenadores. Los que en el día a día consiguen que estos cetáceos, no ya ofrezcan un espectáculo al público, que es lo de menos, sino que estén vivos, sanos, fuertes, juguetones, y, quién sabe, a lo mejor mínimamente felices en un espacio que no es el suyo.
Y los sueños, sueños son... hasta que consigues rozarlos y aprehenderlos cuidadosamente, cual pompas de jabón entre tus dedos...
