Tetraskel
Hace nueve años fui a Escocia por primera vez. Fue un viaje no exclusivo, pues formaba parte de una ruta en InterRail que debía durar un mes y que debía llevarnos a Alberto, el chico con el que salía entonces (gracias a él que ganó los pases :) ) y a mí por prácticamente toda Europa occidental.
Pero una cosa es tener el transporte gratis, y otra que el alojamiento y la comida también lo sean. Y cuando además se te ocurre cambiar el clásico ferry para llegar a las islas por la novedad del Channel Tunnel (no incluido en el bono de tren, por supuesto...), el presupuesto con 21 años y sin curro peta muy pronto... y la vuelta ha de ser bastante inminente.
Total, que a él le apetecía muchísimo Escocia en el trayecto, y para allá fuimos después de London y de ver Stonehenge detrás de la barrera.
Escocia me enamoró. La primera vez. Y la segunda. Y sé que cuando vuelva, seguirá enamorándome. Y de esa primera vez me traje mi tetraskel.

Lo encontré cerca de Glasgow, en un castillo en un extremo de Loch Lomond, el lago más extenso de Escocia. Supe que era para mí. Ahora vuelvo a llevarlo, después de una temporada sin él. Me traerá suerte.

