Una noche de verano.
El mar, azul y plata bajo el reflejo de las estrellas y la luna.
Sentados en la arena.
Contemplando las barcas meciéndose en el puerto.
Una hoguera en la playa.
Saboreando un cremat.
Una rebeca por encima de los hombros para atenuar el fresco de la tramuntana.
Y havaneras...
El poder de evocación de la música es maravilloso. Pero sería más maravilloso cambiar los altavoces del ordenador y la sala de estar de mi casa por el panorama anterior.
Necesito una noche de havaneras en la Costa Brava.
*Sigh*

