El viaje del emperador

Al norte el mar helado, el océano y su alimento. Al sur la banquisa, desértica pero estable. Entre los dos está el pingüino emperador, andando. Andando a lo largo de cientos de kilómetros de invierno y de peligros. Andando el interminable camino que separa el alimento de su hambriento retoño.
El viaje del emperador narra esta epopeya.
Aquí la estrenan mañana.
Txapu, a ver si hablo con tu mujer para ir a verla.
Según palabras del mismo director, Luc Jacquet...
El pingüino emperador es un animal fabuloso, oceánico, grande, capaz de sumergirse a cuatrocientos metros de profundidad y permanecer en estado de apnea durante veinte minutos. Pero este animal, no se sabe por qué razón, para reproducirse tiene que pagar por todo esto viéndose obligado a andar como un penitente en plena tormenta de nieve a lo largo de kilómetros y kilómetros hasta lo más recóndito de la costa antártica, lejos del mar, para poner un huevo en el lugar menos inestable posible; obligado a ir y venir todo el invierno entre la colonia donde vive y el mar, donde está todo lo que necesita.
Y, además, sólo existen unos cuarenta lugares propicios. El pingüino emperador se encuentra en la frontera de la vida. Después de él no hay nada más. Con él rozamos los límites de la bioética. No existe ni una célula en la Antártida aparte de él. En un horizonte blanco hasta donde la vista alcanza, él es el último centinela, el último elemento de vida del planeta. Eso suponiendo que no sea un planeta en sí mismo. Porque si no estamos realmente en el espacio, ¡tampoco estamos realmente en la tierra! Nos encontramos entre la fantasía y la realidad. Pingüinos emperador, nómadas, tuaregs.

