miércoles, agosto 04, 2004

Nascut entre Blanes i Cadaqués
molt tocat per la tramuntana
d'una sola cosa pots estar segur
quan més vell més tocat de l'ala.

Sempre deia que a la matinada es mataria
però cap el migdia anava ben torrat
somriu i diu que no té pressa
ningú m'espera allà dalt
i anar a l'infern no m'interessa
és molt més bonic l'Empordà.

Varen passar ampolles i anys
i en Siset encara aguantava,
dormint la mona a la vora del Ter
però ell mai no si tirava.

Sempre deia que a la matinada es mataria
però cap el migdia anava ben torrat
somriu i diu que no té pressa
ningú m'espera allà dalt
i anar a l'infern no m'interessa
és molt més bonic l'Empordà.

I quan veig la llum de l'alba
se'm treuen les ganes de marxar
potser que avui no em suïcidi
potser ho deixi fins demà.

(L'Empordà - Sopa de Cabra)

Hoy es 4 de Agosto.

Durante bastantes años, esta fue una fecha señalada. Un día, o más bien una tarde, en la que nos dirigíamos con los coches rumbo a la costa ampurdanesa, al pueblo de Sant Feliu de Guíxols.

Cuando anochecía, ciudadanos y visitantes extendíamos nuestras toallas en la playa. Algunos se traían la cena, o bebidas. Otros ya habían cenado o picoteado en los chiringuitos del paseo o en algún restaurante aledaño.

Y de repente... sobre el mar... sobre el Mediterráneo, con sus azules y límpidas aguas que acarician las rocas en la Costa Brava... miríadas de luces se despliegan en el cielo. Miles de colores, miles de destellos. Se pasean, caen, se derraman, vuelan, remontan las alturas en la oscuridad de la noche. La magia nos envuelve.

Vueltas las caras hacia los fuegos, iluminadas por la emoción y por estas estrellas pasajeras. Estallan, resuenan, se confunden con la constante caricia de las olas en la pedregosa arena.

Y el devenir del tiempo se detiene. Nos volvemos niños de repente, y nuestros sueños se recrean en cascadas brillantes, en fugaces deseos que rompen el horizonte más allá del puerto.

Diez años hace ya que no contemplo los fuegos en esa noche. Hoy quería recordarlos, y enviar una parte de mí un poco lejos en la distancia, y algo más en el tiempo.

Hace trece años, me enamoré por primera vez compartiendo esos fuegos. Doce días más tarde, iba a mi primer concierto, Sopa de Cabra. Y a las dos semanas justas de la clausura de las fiestas en Sant Feliu, me daban el primer beso.

Ha llovido mucho desde entonces. También ha salido el sol. Y las estrellas.