El viaje no ha terminado, y el camino sigue...
Al final, leí a Kavafis. Y durante la lectura, estuve serena. Sí. Pero no pude evitar que al final las lágrimas obstruyeran mi garganta. Ni quise hacerlo.
Igual que no lo hago ahora. Sin embargo estas gotas ya no están teñidas de dolor, sino de nostalgia y de emoción. Estoy tranquila, la vida sigue y yo con ella. Y siempre la echaré de menos y siempre la querré.
Y hoy, el cura que oficiaba la misa me ha hecho reflexionar. Quizá porque en lo que decía me he oído a mí misma unos posts atrás. Que lo único seguro en el futuro es la muerte, y lo único seguro en el presente es que estamos vivos. Y que, cuando demos ese paso, cuando crucemos ese umbral, se nos juzgará.
Sí, se nos juzgará. Por cuanto hayamos amado en esta vida, y por lo felices que hayamos intentado hacer a la gente que nos haya rodeado. Y en este punto he tenido ganas de levantarme y darle la mano. Porque en eso, creo. De todo corazón. No sólo en las lágrimas que dejemos con nuestra marcha, sino las sonrisas que consigamos mientras estamos aquí.
Y si es así, mi abuela va a sacar muchos puntos. Lo sé yo.
De nuevo, gracias a todos. Por estar ahí, no sólo en estos momentos.
