No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.
Me ha encantado esta frase.
He vivido con nostalgias de esas. Nostalgias de no haber dicho lo que querría, de no haber demostrado lo que sentía, de no haberle dedicado a alguien el tiempo que se merecía. Y luego ya es demasiado tarde. Y te pasas la vida pensando si sólo hubiera... Si sólo hubiera aceptado un brazo sobre mis hombros. Si sólo hubiera respondido con una sonrisa. Si sólo hubiera comprendido que la vida es breve, que los momentos pasan y que ya no vuelven, y que lo que no vivas ahora no lo vivirás nunca más, que las personas que tienes a tu lado pueden desaparecer de repente y que ha de quedarse en el tintero de tu corazón tantas frases, tantas caricias, tantas complicidades. Tantos Te quiero, Gracias, Lo siento...
Se me quedó grabado a fuego una noche de octubre. Cuando supe que la despedida en la esquina de casa había sido la última. Y con la nostalgia, llega la afirmación.
No me arrepentiré. De lo que diga, de lo que piense, de lo que haga, de lo que sienta. De lo que dé de mí misma. Porque si hay nostalgia, quiero que sea de las cosas que he vivido. No de las que nunca llegaron a suceder.
Prefiero el tiempo al oro,
la vida al sueño,
el perro al collar,
las nueces al ruido
y al sabio por conocer
que a los locos conocidos.
Prefiero querer a poder,
palpar a pisar,
ganar a perder,
besar a reñir,
bailar a desfilar
y disfrutar a medir.
Prefiero volar a correr,
hacer a pensar,
amar a querer,
tomar a pedir.
Antes que nada soy
partidario de vivir.
(Fragmento de Cada loco con su tema - J.M. Serrat)
