A ese pájaro dorado...
Ayer fui a la clínica de terminales. Todo muy blanco. Todo muy aséptico. Muy limpio. Muy cuidado. Una capilla en la entrada. Almas que parten.
Llevaba varios días sin verla. Cada vez está menos aquí. Más apagada. Ya no es ella. Sólo quiere dormir. E irse a casa. Ya no puedo hablar con ella de libros y de la vida. Ya no puedo hablar de nada.
Y sólo lloro mientras escribo...
Saliendo del centro, dos calles más abajo. Uno de mis templos eternos, de mi adolescencia en adelante. Entré, dejé las bolsas y me dediqué a vagar por las estanterías. A contemplar lomos y portadas, a hojear sueños, a suspirar, a recordar... A recordar que muchos años atrás, junto con mi tete, pensábamos en pillar un gran camión, llegar por la noche y vaciar ese antro de magia... curioso, porque ninguno de los dos tiene todavía carnet de conducir, será para evitar la tentación...
Hoy creo que volveré por ahí, y me pillaré Coraline de Neil Gaiman.
Sí, estoy hablando de ESE centro de vicio y subcultura.
Sí, estoy hablando de la GIGAMESH.
Sí, conseguí esbozar una sonrisa después de la breve visita.
