Estoy leyendo un libro de Erica Jong. De hecho, es su autobiografía, 'Miedo a los cincuenta'. Ya me he oído a más de uno comentar "¿Pero qué haces leyendo este libro? ¿Con tu edad?" La gente se queda en el título. Quizá se piensan que es un libro de autoayuda, no sé. Entonces debería estarme leyendo 'Miedo a los treinta', pero no sí ni siquiera si existe y en caso que sí, seguramente ni me lo leería!
Creo que hay libros que vienen a tu encuentro. Tú no eliges leerlos, son ellos los que eligen que tú los leas, en un momento determinado de la vida. No considero que todos los libros sean así, por supuesto. Pero yo llevo una temporada en que me buscan y me encuentran. Y me hablan, desde sus historias, desde sus miedos, sus anhelos, sus decisiones y su magia. Paseo por los pasillos de la biblioteca y me dejo llevar. Hasta que algo reclama tu atención y atrae tu mirada. A lo mejor tu subconsciente ha oído ese 'Ey, tú! Sí, a ti te hablo! Mírame! Léeme!' Y te acercas, mirando a izquierda y derecha. ¿Será ese gordote de ahí? ¿O el más chiquito de la izquierda? Y te lo llevas a casa, junto con otros compañeros que no te han buscado como él.
Clarissa Pinkola Estés, Diane Ackerman, Catherine Clement, Joanne Harris, Erica Jong... la arena se va convirtiendo en montaña. Te ves reflejada, o comprendida, o algo. Diferentes partes de ti hablándote desde otro lugar, otro momento, otro libro. Llámalo sincronicidad. Llámalo hache. Llámalo estar más receptiva. El caso es que ocurre. Y te hace pensar. Te hace pensar lo que lees, y lo que te ha llevado a leer eso precisamente en esa época.
"Leemos para saber que no estamos solos", le decía un estudiante de literatura a un Anthony Hopkins-C.S. Lewis en 'Tierras de Penumbra'. Y Jack Lewis se encontraría en un armario lleno de pieles con el gran león dorado y la reina del hielo. Leemos para encontrarnos en los otros que fueron como nosotros, y escribimos para encontrarnos dentro de nosotros. Para llevar al exterior la luz y la oscuridad que nos rodea y que nos llena. Para buscar un equilibrio. Quizá no lo encontremos, pero no por ello dejaremos de buscarlo.
