jueves, febrero 19, 2004

Otro día de tienda. Otra mañana. Hoy se supone que empieza Carnaval, pero aún no he visto a nadie disfrazado. A ver si después del cole, o mañana... Yo tengo una nariz de payaso por aquí. Me la pondría, pero con el costipado que aún tengo... no sé quien acabaría peor, si yo o la nariz XD

Odio la inactividad. Me mata. Eso de no hacer nada, pero no porque decidas tú tomarte un rato para descansar, para meditar, para contemplar, yo que sé, las motas de polvo flotando a contraluz... no, no hacer nada porque no hay trabajo, porque no entra nadie. La mañana, con gente entrando y saliendo, pasa rápido. No deja de ser un trabajo bastante gris (siempre se me atascará la venta, no puedo con el tema comercial...), pero si entra gente te mueves, y si entra gente entra dinero y sabes que cobrarás a fin de mes. Te notas haciendo algo. Y si tienes algún momento libre, te paras a descansar, o lees una página del libro del día, ordenas una estantería, o lo que sea...Y cuando se acaba la jornada te apetece hacer más, estás activo.

Así.... a la que llevas media hora leyendo, ya estás helada. La calefacción no calienta suficiente. Se cuela el aire frío por las rendijas del aparador. Ya está todo ordenado, todo limpio desde primera hora. Pedidos hechos si era necesario. ¿Y ahora? A esperar, qué remedio... y pasan las horas. Y cuando entra alguien, casi que piensas "¿y ahora lo he de atender?" Sé que no van a salir las cuentas a fin de mes a este paso, pero me pongo igualmente la sonrisa. No me he puesto la nariz, no, pero llevo careta de todas formas.

Y cuatro horas y media parecen una eternidad...

Decididamente no sé qué hago aquí. Supongo que vivir al día, por ahora, como comentaba una amiga. Y esperar que alguno de los sitios que han recibido mi CV hagan algo más que decir "Muy bonito, lo guardamos en los archivos, sigue así, eh?" . Mira que llega a ser difícil poder hacer algo en lo que te sientas útil, que te reporte alguna satisfacción... no por falta de ganas, sino por falta de posibilidades.

Pues seguiremos esperando. Esperando que entre la gente en la tienda. Esperando que nos llamen para ese trabajo tan deseado. Esperando que las cosas cambien. Hasta que quizá llegue el momento de liarse la manta a la cabeza e ir a la montaña; ya que Mahoma no da señales de vida, iremos a buscarlo.

Esperémoslo.